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Ibai firmó la carta y la firma se convirtió en el producto

Carla Moreno
5 min 54

Un bolígrafo. Eso es lo que convirtió una carta de Pokémon de decenas de euros en un anuncio de Wallapop por 2.500 euros. No hubo restauración, ni nueva graduación, ni nada. Solo que Ibai la tocó.

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La casa de empeños y el objeto que nadie tasó

El formato Los Empeños de Ibai tiene una premisa tan simple que casi da vergüenza lo bien que funciona: Ibai monta su propia casa de empeños, negocia la compra y venta de objetos de valor y luego se los regala a sus seguidores. La primera entrega acumula casi 7 millones de reproducciones. La segunda, publicada el 24 de agosto de 2026, ya supera el millón y medio en menos de 24 horas.

En esa segunda entrega llega Iván. Trae dos cartas Pokémon: un Charizard y un Pikachu Movie Promo de 1999 con grado PSA 9. Para quien no sea del mundillo: PSA es una empresa que certifica, gradúa y encapsula cartas según su estado de conservación, y un 9 significa calidad mint, prácticamente impecable.

Por el Charizard pide 5.000 euros y se va con 1.500. Negociación normal, precio pactado, todo en orden. El Pikachu es otra historia.

La promesa y los cinco días que la tumbaron

La negociación por el Pikachu no llega a buen puerto. Iván se lo queda. Pero antes de salir le pide a Ibai que se lo firme, y lo acompaña con una frase que ya es patrimonio del culebrón:

«No la voy a vender.»

Ibai firma. Y antes de guardar el rotulador avisa a cámara, con esa tranquilidad de quien sabe exactamente lo que está pasando: «Si alguna vez os vende Iván esta carta, que sepáis que es mi firma.» Le había pedido expresamente que no lo hiciera. El aviso era el seguro.

Cinco días después, en el mismo vídeo, aparece el anuncio en Wallapop. Título: «Carta Pokémon Pikachu firmada por Ibai.» Precio: 2.500 euros.

El plot twist que nadie necesitaba pero todo el mundo esperaba.

Los números que cuentan la historia solos

Aquí está el resumen del día en cifras, porque a veces la tabla es más honesta que cualquier párrafo:

Carta Precio pedido Precio pagado / precio de mercado
Charizard 5.000 € 1.500 € (vendido en el programa)
Pikachu Movie Promo 1999 PSA 9 2.500 € (Wallapop) Entre 20 y 75 dólares según ventas registradas

El Charizard al menos tuvo regateo. El Pikachu pasó de valer unas decenas de euros a pedir 2.500 en el tiempo que tarda en secarse la tinta de una firma. La carta no cambió. El mercado tampoco. Lo que cambió fue que Ibai la tocó.

El detalle que lo remata

Iván explica en cámara: «En ese momento no la quería vender, te lo juro, la emoción del vídeo y tal, pero soy joven y esto me puede suponer un cambio.» Y añade que puso ese precio porque Wallapop no le dejaba ponerlo más alto.

Ahí está el dato más incómodo de toda la historia. El techo no lo puso su conciencia, lo puso un campo de formulario. Cuando el límite de lo que pides depende de la interfaz y no de lo que prometiste, la palabra dada deja de ser un freno. Se convierte en una línea de diálogo.

La jugada de Ibai: presentarse en el parking

Ibai podría haber tuiteado el anuncio. Podría haber dejado que la funa hiciera su trabajo. En cambio eligió algo más teatral y, curiosamente, más elegante: se hizo pasar por comprador, quedó con Iván en el punto de venta acordado, un parking, y se presentó él en persona.

La reacción de Iván fue de incredulidad total: «No me lo creo.» Literal, bro.

Y aquí viene lo que separa a Ibai de la reacción fácil. Tenía la cámara, tenía la audiencia, tenía la razón y tenía el recibo. Decidió no usarlos como maza. No compró la carta, no montó el número, y zanjó el asunto con una frase que cuesta más de lo que parece: «No pasa nada, todo el mundo puede cambiar de opinión.»

La carta sigue siendo de Iván. El anuncio estaba ahí. Y el vídeo lleva 1,65 millones de visitas mientras se escribe esto.

Lo que la firma valía de verdad

El montaje entero iba de ponerle precio a las cosas de los demás. Terminó tasando al tasador. Porque en ese anuncio de Wallapop la carta era el soporte y la firma era el producto, y eso no lo decidió Iván: lo decidió el mercado en cuanto Ibai cogió el bolígrafo.

La promesa era sincera y aun así no valía nada. Iván no parece un estafador, parece un chaval al que le pusieron delante un mercado y un campo de texto sin límite moral. Son cosas que pasan.

Lo que no pasa tan a menudo es que el que tenía todas las cartas, nunca mejor dicho, decidiera no jugarlas. Lo dejo por aquí.

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Seguimos la historia

Carla Moreno
Escrito por Carla Moreno

Carla Moreno firma la crónica social de Viraland. Cuenta el salseo de famosos e influencers con criterio y sarcasmo elegante: contexto, quién es quién y su lectura afilada, siempre con respeto a las personas y cero bulos. Cotilleo con clase, del que se comenta en el grupo de amigas.

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