La Vuelta a España 2026 fichó a una tiktoker de 6 millones de seguidores para sus canales oficiales, le dio acceso libre a los ciclistas y le puso un micrófono delante. Dos días después, le cortaba el acceso. El culebrón, bro, no empieza con Erola Jons. Empieza con quien firmó el contrato.
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Quién es Erola Jons y qué vende
Erola Jons, 28 años, catalana, no es ninguna desconocida. Construyó su comunidad con un formato muy concreto: acercarse a desconocidos por la calle e intentar ligar con ellos mientras una cámara oculta registra la situación, acumulando 3,2 millones de seguidores en Instagram y 2,9 millones en TikTok.
Su salto a la popularidad llegó en 2023 cuando un vídeo grabado en una biblioteca alcanzó 40 millones de visualizaciones en un solo día, y a partir de ahí desarrolló un formato propio basado en la espontaneidad y el contacto directo con personas.
Desde entonces no ha parado. Ha participado en televisión en proyectos como el programa José Mota No News y la serie Rabia, ha colaborado con la Fórmula 1 y MotoGP, y es autora del libro Cómo conseguir a tu crush, publicado por Planeta. Forbes España la incluyó en 2025 entre los grandes creadores del país. Su personaje está perfectamente definido. No hay ambigüedad posible.
Lo que pasó en Mónaco (y en los canales oficiales de la carrera)
La 81ª edición de La Vuelta arrancó el 22 de agosto de 2026 con una contrarreloj en Mónaco que ganó Tadej Pogacar. Erola Jons participó en una transmisión en directo por YouTube y Twitch, accediendo tanto a ciclistas como a diversas áreas del evento tras la competición.
Y allí hizo exactamente lo que lleva años haciendo. Comentó sobre Pogacar: «Yo no sé cómo va este chico en la clasificación general, pero en la mía va primero» y «Mira qué mono es… grande Pogachitar». Después se dirigió al líder de la carrera con la frase: «¿Por qué hiperventilas cuando me ves?».
También se asomó por una rendija al camión donde los corredores se cambian antes de subir al podio: «Si se cambian mejor, así sube la audiencia». Todo publicado. En los canales oficiales de la carrera.
El momento más incómodo, y el menos gracioso, llegó con el británico Josh Tarling. El ciclista llegaba a la carrera después de haber sufrido, apenas una semana antes, la pérdida de su hermano pequeño Finlay en un accidente durante la Volta a Portugal. Durante la retransmisión, Jons no mencionó esta situación personal y se refirió al corredor con estas palabras: «Creo que no le gustan las entrevistas, y menos las mías, jaja, pero tengo 20 etapas aún para conquistarle; no te preocupes que a este le conquisto yo rápido».
Nadie en el equipo de comunicación de La Vuelta revisó eso antes de publicarlo. Eso hay que dejarlo reposar un momento.
La reacción: del pelotón a la tele pública
El malestar no tardó. Las intervenciones de Erola Jons generaron malestar entre equipos, ciclistas y prensa especializada, según recogieron Cadena SER, El Periódico e Infobae.
La periodista especializada en ciclismo Laura Meseguer, que firmó una columna sobre el asunto en El País, cuestionó públicamente la decisión de la organización y consideró que los comentarios suponían un retroceso frente al trabajo realizado para conseguir mayor respeto e igualdad dentro del ciclismo profesional.
Carlos de Andrés, narrador de ciclismo en TVE, defendió en antena que nadie debe ser tratado «como un objeto, ni mujeres ni hombres». La ceja arqueada en la televisión pública, en plena retransmisión de la etapa. No es un tuit: es antena. Eso pesa.
«Se han equivocado a la persona, se han equivocado en el argumento (…) No quiero yo cuestionar a la pobre mujer, no tiene ninguna culpa.»
Javier Ares, periodista de ciclismo, durante la retransmisión de la etapa en Eurosport
Lo que hizo La Vuelta: el protocolo que no es un despido
El lunes 24 de agosto, la organización movió ficha. Pero no la que muchos esperaban. No rescindieron la colaboración. El nuevo protocolo pasa por seguir unas nuevas directrices para crear contenidos: Jons necesitará autorización previa de los equipos antes de grabar o entrevistar a ciclistas, y tendrá accesos restringidos a la zona mixta, los autobuses de los equipos y otros puntos de contacto directo.
La organización se defendió afirmando que se trataba de «bromas y entretenimiento» y que sabía qué tipo de contenido hacía Erola Jons cuando la contrató. Ella celebró la polémica con un «ayer rompimos internet» y avisó de que continúa en la carrera.
Lo que pasó en 72 horas, resumido sin adornos:
- Día 1 (22 ago): Contrarreloj en Mónaco. Erola Jons debuta en los canales oficiales con su formato habitual.
- Días 1-2: Comentarios a Pogacar y a Tarling publicados sin filtro editorial en YouTube, Twitch y redes de La Vuelta.
- Día 2-3: Críticas del pelotón, del equipo UAE, de periodistas especializadas y del comentarista de TVE en antena.
- Día 3 (24 ago): La Vuelta cambia el protocolo. Jons sigue contratada pero sin acceso directo a ciclistas ni a zonas restringidas.
- Resultado: La organización se queda el hype del lanzamiento. Ella se queda la factura reputacional.
El fallo real: quién paga la factura cuando sale mal
Aquí está el salseo de fondo, y hay que nombrarlo con todas las letras.
La organización recurrió a una fórmula cada vez más frecuente en el deporte profesional: incorporar a creadores digitales para ampliar su impacto social. Pero la elección de Erola Jons abrió un intenso debate sobre los límites del entretenimiento, el respeto a los deportistas y el papel de la información especializada.
La Vuelta no contrató a una periodista y se encontró con una tiktoker. Contrató a la tiktoker precisamente porque hace ese contenido, y le dio acceso libre a los ciclistas más mediáticos del mundo. Cuando el formato funcionó exactamente como estaba diseñado, se echó atrás.
El comentario sobre Tarling es el dato que no tiene vuelta atrás: el ciclista atravesaba el duelo por la reciente muerte de su hermano, Finlay Tarling, de 19 años. Cualquier responsable de comunicación que revisara el contenido antes de publicarlo habría contextualizado eso, o simplemente no lo habría subido. No lo hizo nadie. Eso no es un fallo de tono: es un fallo de proceso editorial básico en los canales oficiales de una gran vuelta ciclista.
Y hay un segundo hilo en esta conversación que merece atribución honesta. La misma semana en que las redes señalaban al streamer Aruberuto Makoto por convertir el acoso a una desconocida en Japón en contenido, el debate giró a si esto era «lo mismo con los papeles cambiados». No son casos equiparables, y hay que decirlo: uno es acoso en la calle a una persona sin acreditación ni consentimiento; el otro son comentarios en un entorno con acceso profesional. Pero el criterio que enunció Carlos de Andrés en TVE, el de no tratar a nadie como un objeto, sirve para los dos contextos. Eso lo dejó él dicho, no lo digo yo.
| Aspecto | Lo que ocurrió |
|---|---|
| Contratación | Erola Jons fichada para redes, YouTube y Twitch oficiales de La Vuelta |
| Formato | Su contenido habitual de cámara oculta y ligue, trasladado sin filtro |
| Supervisión editorial | Ningún responsable revisó el contenido sobre Tarling antes de publicarlo |
| Consecuencia | Restricción de acceso a ciclistas y zonas mixtas desde el 24 de agosto |
| Contrato | Sigue vigente hasta el final de la carrera (3 semanas) |
| Quién asume el coste | La creadora, públicamente. La organización, en privado. |
Lo dejo por aquí
El problema no es que Erola Jons hiciera de Erola Jons. Es que alguien le pagó por ello, le abrió las puertas del pelotón, publicó el contenido en sus canales oficiales sin revisarlo y luego se hizo el sorprendido cuando llegó la factura reputacional.
Las organizaciones deportivas quieren las cifras de TikTok sin asumir el formato de TikTok. Y cuando el experimento explota, la creadora queda como la única responsable de un encargo que firmaron otros.
Ella sigue en La Vuelta. Quedan casi tres semanas de carrera. Lo que venga ahora lo veremos en los canales oficiales de la organización, que saben perfectamente lo que contratan.



