Spoiler: no es una patada en el culo. Es bastante peor. El episodio «Bart contra Australia» (temporada 6, capítulo 16) lleva décadas viviendo en la memoria colectiva de internet como uno de los más locos de la serie. Bart monta un pollo por el efecto Coriolis, acumula una factura de cobro revertido de seis horas a Australia y acaba siendo condenado a recibir una patada gigante. Brutal, surrealista, puro Los Simpson.
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Pero hay algo que mucha gente no sabe: ese episodio tiene un caso real detrás, y la historia real es considerablemente más dura que la de dibujos.
El episodio que Vanity Fair puso en el número dos
Primero, contexto rápido para quien no lo tenga fresco. «Bart contra Australia» se emitió el 19 de febrero de 1995 y es, literalmente, uno de los episodios más queridos de la historia de la serie.
En 2007, Vanity Fair lo nombró el segundo mejor episodio de Los Simpson de todos los tiempos. La trama arranca cuando Bart descubre que el agua de su cisterna siempre gira en el mismo sentido y Lisa le explica que eso se debe al efecto Coriolis.
Bart, que no puede dejar ganar a su hermana, hace una llamada a cobro revertido a una granja de Australia para comprobarlo. La llamada dura seis horas. Le llega la factura al granjero. Los Simpson acaban viajando a Australia para que Bart pida perdón, y el país le condena a recibir una patada con una bota gigante.
La bota gigante y Australia son invención de los guionistas. Pero el esqueleto de la historia es 100% real. Y ocurrió en Singapur, en 1994. No es casualidad que el episodio saliera al año siguiente.
Michael Fay: el adolescente americano que montó una crisis diplomática
El protagonista de la historia real se llama Michael Fay. Era un chaval estadounidense de 18 años que vivía en Singapur con su madre desde 1992mientras su padrastro trabajaba allí para FedEx y él asistía al colegio americano de la ciudad.
En septiembre de 1993, en ese típico momento en que el aburrimiento y la noche se juntan fatal, Fay y unos amigos se dedicaron a vandalizar coches con spray y a robar señales de tráfico. Pintaron, rayaron y destrozaron vehículos durante diez días. En total, la policía le imputó cargos relacionados con 18 coches vandalizados.
Hasta aquí, una travesura de las gordas. El plot twist es lo que Singapur tenía preparado como castigo.
El código legal que dejó a medio mundo sin palabras
Singapur tiene un código legal que a ojos occidentales resulta… llamativo. Y no es broma ni exageración. La pena por vandalismo incluye cárcel, multa y azotes en público con una vara de ratán.
El ratán es ese material vegetal con el que se hacen cestas y mecedoras. Con él también fabrican varas que, preparadas correctamente (se sumergen en agua para que sean más flexibles y más pesadas), se convierten en el instrumento de castigo oficial. La persona queda inmovilizada, la vara se trata con antiséptico justo antes, y los golpes se administran sobre la espalda o los glúteos según lo especificado en la condena.
El 3 de marzo de 1994, Michael Fay fue condenado a:
- Cuatro meses de cárcel
- Una multa de 3.500 dólares singapurenses
- Seis golpes de vara
Fay siempre dijo que le habían manipulado en el interrogatorio, que le prometieron que declararse culpable le libraría de los azotes, y que su confesión había sido en parte falsa: reconoció robar señales pero negó haber vandalizado los coches. Singapur lo desmentía. Sea como fuere, la condena era firme y legal.
Bill Clinton contra el gobierno de Singapur: cuando un adolescente revuelto provocó una crisis entre dos países
Aquí es donde la historia se sale del todo. El caso se convirtió en un asunto diplomático de primer nivel entre Estados Unidos y Singapur. Los medios americanos pusieron el grito en el cielo, calificando el castigo de arcaico e inhumano.
El propio presidente Bill Clinton intervino públicamente para pedir clemenciaconsiderando el castigo excesivo e incompatible con los valores estadounidenses. Fue Clinton contra el Primer Ministro Lee Kuan Yew, con Singapur jugando en casa y sin intención de ceder del todo.
Las negociaciones consiguieron algo: los seis golpes se redujeron a cuatro. Ni un golpe menos. La cárcel y la multa (rebajada también) se mantuvieron.
| Condena inicial | Condena final (tras negociación) |
|---|---|
| 6 golpes de vara | 4 golpes de vara |
| 4 meses de cárcel | 83 días (salida por buena conducta) |
| Multa de 3.500 dólares singapurenses | Multa rebajada |
El 5 de mayo de 1994en el Centro Penitenciario de Queenstown, Michael Fay recibió sus cuatro golpes de vara. Más tarde, en una entrevista con Larry King en la CNN, describió la experiencia como dolorosa y humillante. Salió de prisión en junio de 1994 y regresó a Estados Unidos.
La reacción que nadie esperaba del público americano
Mientras los medios americanos montaban en cólera, una parte significativa del público estadounidense aplaudía el castigoharta de la vandalia sin consecuencias en su propio país.
El Chicago Tribune recibió cartas de apoyo a la condena que formaban una pila de «varios centímetros de altura». Internet, básicamente, antes de internet.
De Singapur 1994 a Springfield 1995: los guionistas lo convirtieron en oro
Los guionistas Bill Oakley y Josh Weinstein tomaron el caso Fay, lo trasladaron a Australia para darle un giro más absurdo y cómico, y cambiaron los azotes con vara de ratán por una patada de una bota gigante (que Bart esquiva con su habitual desfachatez).
La patada es la versión caricaturizada de un castigo corporal real. Visto así, el episodio es más oscuro de lo que parecía cuando tenías diez años y simplemente te tronchabas.
El canal de YouTube EXiTdirigido por Dani P. Expósitoacaba de desenterrar y desgranar toda esta historia en un vídeo que está explotando entre los fans de Los Simpson y los amantes del lore de internet. Porque esto es exactamente lo que la cultura de internet hace mejor: coger un episodio que llevas décadas viendo como un chiste y revelarte la capa oscura que siempre estuvo debajo. Viral de manual.
Ya no podrás volver a ver ese episodio igual
Si alguna vez vuelves a ver «Bart contra Australia», ya no vas a poder quitarte de la cabeza a Michael Fay. Y eso, en plan, es exactamente lo que hace grande a Los Simpson: que incluso sus chistes más absurdos esconden una historia real que te deja sin palabras.