
Dos cineastas del conurbano bonaerense, un PC con GPU básica y un presupuesto de software de entre 500 y 600 dólares al mes. Ese es el coste de producción de Cacho, el influencer virtual argentino que ya firma campañas con marcas reconocidas y aparece en el programa de televisión más visto del país. La ceja se arquea sola.
Emmanuel Altamirano y Esteban Molina, dos vecinos cineastas de González Catán (conurbano de Buenos Aires), crearon a Cacho como experimento. Lo que empezó como un hobby tiene hoy detrás un equipo de ocho personas funcionando como agencia creativa.
El personaje encarna al argentino promedio que se la rebusca: humor negro, estética deliberadamente sucia, referencias constantes a la precariedad laboral, la adicción al móvil y la contaminación. Nada de filtros de lujo ni aspiraciones de lifestyle de Marbella.
Su primer vídeo, publicado en diciembre de 2025, superó los 10 millones de reproducciones. Hoy acumula más de 500.000 seguidores, la mayoría de sus vídeos rondan el millón de visitas y el fenómeno ha calado fuerte también en México.
«Muchos piensan que trabajar con inteligencia artificial es simplemente hacer un texto o un prompt, colocarlo y la IA ya nos resuelve. En realidad hay un equipo atrás, hay una parte creativa, hay guionistas.»
Cierto. Y también hay una ironía de manual: el argumento que usan para defender el valor humano detrás de Cacho es exactamente el mismo que usan los creadores reales para defender su trabajo. La diferencia es que Cacho no cobra caché, no se pone enfermo y jamás va a publicar un tuit polémico un domingo a las tres de la madrugada.
Altamirano también señaló que Cacho ya trabaja para ODP y para el programa de televisión más visto de Argentina, además de campañas publicitarias para marcas de primer nivel. No está mal para un render del conurbano.
Aquí viene el salseo de verdad, el que no está en los comunicados de prensa.
Llevamos meses escuchando a agencias y marcas predicar autenticidadconexión real y micro-creadores con credibilidad. El discurso es bonito. Los números, menos.
Aitana López, la influencer virtual de la agencia barcelonesa The Clueless, ya lleva años demostrando que las marcas pagan sin pestañear por una cara que no existe: trabaja con Amazon, L'Oréal o Coca-Cola, entre otros, y puede ingresar hasta 10.000 euros al mes. Cacho es la versión con humor de barrio y presupuesto de guerrilla del mismo fenómeno. Distintos registros, misma conclusión.
1. Lo que dice el propio Altamirano (y lo que revela sin querer) «Muchos piensan que trabajar con inteligencia artificial es simplemente hacer un texto o un prompt, colocarlo y la IA ya nos resuelve.
2. Dos cineastas del conurbano bonaerense, un PC con GPU básica y un presupuesto de software de entre 500 y 600 dólares al mes. Ese es el coste de producción de Cacho, el influencer virtual argentino…
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«Muchos piensan que trabajar con inteligencia artificial es simplemente hacer un texto o un prompt, colocarlo y la IA ya nos resuelve. En realidad hay un equipo atrás, hay una parte creativa, hay guionistas.»
Cierto. Y también hay una ironía de manual: el argumento que usan para defender el valor humano detrás de Cacho es exactamente el mismo que usan los creadores reales para defender su trabajo. La diferencia es que Cacho no cobra caché, no…
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